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El reclamo de las provincias no mineras y el “aquí tienen que ganar todos”: ¿qué desafíos enfrenta la cadena de valor? Destacado

La primera Ronda de Negocios del RIGI, realizada en Rosario, abrió un debate sobre cómo distribuir los beneficios de las grandes inversiones entre las provincias mineras y aquellas que buscan incorporarse como proveedoras. Mientras Córdoba reclama financiamiento y oportunidades para su industria, San Juan plantea que las ganancias empresariales deben traducirse en empleo y valor agregado local. Jujuy enfrenta el desafío de fortalecer su entramado productivo en un escenario donde la minería comienza a discutirse como una actividad de alcance nacional.

La minería argentina atraviesa una etapa en la que la atracción de grandes inversiones ya no parece ser el único eje de discusión. La necesidad de desarrollar proveedores, generar empleo, incorporar tecnología y distribuir oportunidades entre distintas regiones del país comenzó a ocupar un lugar central en la agenda de gobernadores, funcionarios nacionales y representantes empresariales.

La primera Ronda de Negocios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), realizada en la Estación Fluvial de Rosario, puso de manifiesto estas inquietudes. Allí confluyeron provincias con proyectos mineros en marcha, jurisdicciones con una fuerte tradición industrial y autoridades nacionales que plantearon la necesidad de que los beneficios del régimen alcancen a toda la economía argentina.

En ese contexto, una expresión de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, sintetizó el objetivo planteado por el Gobierno nacional:

“Esta jornada representa exactamente lo que nosotros queremos lograr: aquí tienen que ganar todos”.

Sin embargo, detrás de esa premisa aparece un interrogante económico y territorial: ¿cómo lograr que las inversiones que se ejecutan en determinadas provincias generen oportunidades para empresas de otras jurisdicciones, sin debilitar el desarrollo de los proveedores y trabajadores de las comunidades donde se encuentran los proyectos?

El reclamo de Córdoba: participar de los beneficios de las grandes inversiones

Uno de los planteos más concretos surgió del gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, quien acompañó a empresarios de su provincia interesados en incorporarse a las cadenas de valor de proyectos mineros, energéticos, industriales y de infraestructura.

El mandatario sostuvo que las empresas beneficiadas por el RIGI también deben asumir un compromiso con el desarrollo de proveedores argentinos.

“Las empresas beneficiarias del RIGI tienen que asumir también una responsabilidad y una visión estratégica para ayudar a desarrollar proveedores locales, que puedan brindar servicios”.

Llaryora advirtió que las provincias que no reciben directamente los grandes proyectos necesitan mecanismos concretos para participar de sus beneficios económicos.

“Las provincias que no participamos directamente de estos regímenes necesitamos que también nos llegue el derrame de sus beneficios. Para eso, necesitamos una verdadera estrategia de desarrollo de proveedores”.

El planteo introduce una dimensión relevante para la discusión minera: las inversiones se localizan en territorios específicos, pero sus demandas de maquinaria, tecnología, servicios industriales, transporte e infraestructura pueden involucrar a empresas de distintas provincias.

Para Córdoba, que cuenta con una importante estructura industrial, la posibilidad de abastecer a las compañías mineras representa una oportunidad de ampliar mercados y diversificar su producción.

No obstante, Llaryora señaló que la experiencia industrial no resulta suficiente si las empresas carecen de financiamiento para adecuarse a los requerimientos técnicos y productivos de las grandes operadoras.

“Lo que tenemos que hacer es una política de largo plazo de transformación estratégica, financiando esa transformación, porque hay que comprar maquinaria y equipamiento”.

El gobernador también destacó las capacidades de la industria cordobesa para abastecer sectores como petróleo, gas y minería.

“Capacitación, tecnología, cultura industrial y experiencia nos sobran, porque lo hemos hecho para otros sectores, igual o más competitivos que la industria del petróleo, el gas y la minería”.

Desde esa perspectiva, consideró que incorporar proveedores nacionales puede mejorar la competitividad de las propias compañías inversoras, al facilitar el acceso a repuestos, insumos y servicios, reducir tiempos de respuesta y optimizar costos.

“Desarrollar al proveedor local es desarrollar tu competitividad”.

San Juan y la otra cara del debate: las inversiones deben generar beneficios en el territorio

Mientras Córdoba reclamó oportunidades para las provincias que no reciben directamente los proyectos, el gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, planteó otra dimensión del mismo desafío: la necesidad de que las comunidades donde se desarrolla la minería también participen de sus beneficios.

Orrego integró el primer panel de gobernadores de provincias mineras, denominado “La minería como vector de desarrollo regional”, moderado por el secretario de Minería de la Nación, Luis Lucero.

Allí expresó:

“Las empresas mineras tienen derecho a obtener ganancias, pero los gobiernos provinciales y la sociedad también aspiran a tener beneficios de la generación de empleo y el agregado de valor local que evite el desarraigo y consolide los acuerdos sociales”.

La definición pone el foco en uno de los principales desafíos de las provincias productoras: transformar la explotación de recursos minerales en una actividad capaz de sostener empleo, empresas y capacidades productivas en sus propios territorios.

Desde esta mirada, la minería no debería limitarse a la extracción y comercialización de minerales, sino contribuir a la consolidación de una estructura económica que permanezca y se desarrolle alrededor de los proyectos.

El planteo también introduce una cuestión vinculada con la aceptación social de la actividad. La generación de empleo y la participación de empresas locales forman parte de los beneficios que las comunidades esperan obtener de la industria.

De esta manera, las posiciones de Córdoba y San Juan no necesariamente resultan contradictorias, aunque expresan intereses territoriales que deberán encontrar mecanismos de articulación.

Mientras las provincias industrializadas buscan acceder a nuevos mercados, las jurisdicciones mineras necesitan que el crecimiento de la actividad fortalezca prioritariamente las capacidades productivas de sus regiones.

Jujuy ante el desafío de integrar una cadena de valor cada vez más federal

La discusión adquiere especial relevancia para Jujuy, una provincia que busca ampliar las inversiones mineras y consolidar su red de proveedores locales.

El gobernador Carlos Sadir también participó de la Ronda de Negocios del RIGI en Rosario, donde integró el panel sobre minería y desarrollo regional junto a otros mandatarios de provincias productoras.

Para Jujuy, la llegada de nuevos proyectos representa oportunidades de inversión, contratación de servicios y generación de empleo. Sin embargo, el crecimiento de una cadena de abastecimiento de alcance nacional plantea la necesidad de definir cómo se complementarán las capacidades locales con las de empresas provenientes de otras jurisdicciones.

¿La apertura hacia proveedores de provincias no mineras obligará a Jujuy y a otras jurisdicciones productoras a reorganizar sus estrategias de desarrollo empresarial?

La pregunta cobra importancia porque el fortalecimiento de los proveedores locales constituye uno de los principales objetivos económicos asociados al crecimiento de la actividad minera.

En ese escenario, la articulación con empresas de otras provincias podría generar oportunidades de transferencia tecnológica, capacitación, asociaciones empresariales y acceso a equipamiento especializado.

Pero también plantea desafíos competitivos para las firmas radicadas en los territorios mineros, especialmente aquellas de menor escala que necesitan financiamiento, certificaciones y mayores capacidades técnicas para acceder a las contrataciones.

La cuestión central será encontrar mecanismos que permitan ampliar la participación de proveedores argentinos sin desplazar las oportunidades de desarrollo que las provincias productoras buscan consolidar en sus propias comunidades.

El desafío de convertirse en un verdadero país minero

La discusión también puede interpretarse a partir de una premisa sostenida por el presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), Roberto Cacciola: avanzar hacia la construcción de un país minero.

Ese concepto supone que la actividad deje de ser considerada exclusivamente como una industria de las provincias que poseen recursos minerales y pase a involucrar a distintos sectores productivos de la economía nacional.

Bajo esa perspectiva, las empresas industriales, tecnológicas, logísticas y de servicios de otras jurisdicciones también podrían encontrar oportunidades dentro de las cadenas de abastecimiento de los grandes proyectos.

Sin embargo, el debate abre un interrogante que trasciende a la propia minería: ¿ocurre lo mismo con otras actividades productivas en las que Jujuy y otras provincias todavía tienen una participación limitada en los encadenamientos económicos?

La industria automotriz, la agroindustria, la energía y otras actividades concentradas en determinadas regiones también generan cadenas de valor que involucran a empresas de diferentes puntos del país.

Por lo tanto, el desafío de construir una minería federal podría abrir una discusión más amplia sobre los mecanismos de integración productiva entre provincias y las condiciones necesarias para que las oportunidades de crecimiento no dependan exclusivamente de la localización geográfica de los grandes proyectos.

La pregunta es si esa integración podrá desarrollarse mediante acuerdos empresariales, instrumentos financieros y políticas de proveedores que permitan complementar capacidades, o si terminará profundizando las diferencias competitivas entre regiones.

El RIGI y el desafío de transformar inversiones en desarrollo industrial

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones contempla beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios destinados a promover proyectos de gran escala.

Sin embargo, la existencia de incentivos para los inversores no garantiza por sí sola que las empresas argentinas puedan incorporarse a sus cadenas de abastecimiento.

Para ello, los proveedores deben reunir condiciones de competitividad, capacidad financiera, calidad, certificaciones, tecnología y cumplimiento de los estándares exigidos por las grandes operadoras.

En este punto, el reclamo de Córdoba sobre el acceso al financiamiento coincide con una necesidad que también enfrentan numerosas empresas de las provincias mineras.

La adquisición de maquinaria, la incorporación de tecnología y la adecuación de procesos productivos requieren inversiones que muchas pequeñas y medianas empresas no pueden afrontar sin instrumentos específicos de apoyo.

Por eso, el desarrollo de proveedores aparece como uno de los aspectos centrales para evaluar el impacto económico del RIGI más allá del volumen de capital comprometido por los grandes proyectos.

Miles de empresas buscan incorporarse a las cadenas de valor

La Ronda de Negocios del RIGI reunió a representantes de grandes proyectos de minería, energía, infraestructura e industria con empresas proveedoras interesadas en establecer vínculos comerciales.

Según los datos difundidos durante el encuentro, la agenda contempló más de 2.100 reuniones de negocios destinadas a promover la integración de proveedores nacionales.

El jefe de Gabinete, Diego Santilli, destacó la participación empresarial y sostuvo:

“Hoy estamos aquí con 2500 proveedores entablando negociaciones, reconstruyendo la matriz productiva y llevando adelante negocios para los argentinos, generación de trabajo, empleo, desarrollo”.

El funcionario también mencionó el caso de una empresa minera que cuenta con 413 proveedores nacionales sobre un total de 415, como ejemplo de integración de la industria argentina a las nuevas inversiones.

Por su parte, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó el carácter federal de la convocatoria y la participación de empresas de prácticamente todas las provincias.

El titular del Palacio de Hacienda sostuvo que el Gobierno busca que los proyectos RIGI contribuyan al desarrollo industrial y económico del interior del país.

Además, afirmó que existen proveedores de 20 jurisdicciones vinculados a proyectos del régimen y proyectó la generación de 250.000 empleos formales y bien remunerados.

Las cifras expresan las expectativas oficiales sobre el impacto del programa, aunque su concreción dependerá de la ejecución de los proyectos, las contrataciones y la evolución de las inversiones.

En paralelo, la convocatoria incluyó instancias de asesoramiento financiero y asistencia técnica de organismos como el Banco Nación, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Santa Fe también busca integrarse como proveedor estratégico

El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, anfitrión del encuentro, también destacó la importancia de incorporar las capacidades productivas de su provincia al crecimiento de los sectores minero y energético.

“Sentimos que somos los socios estratégicos del sector energético, del sector minero”.

El mandatario puso especial énfasis en la infraestructura logística, la capacidad industrial y el papel de los puertos santafesinos para facilitar las exportaciones.

Su planteo refleja otra dimensión del proceso: las provincias que no concentran los grandes yacimientos pueden participar de la actividad a través de servicios, infraestructura, industria y logística.

De esta manera, la cadena de valor minera comienza a presentarse como un espacio de articulación entre regiones con diferentes capacidades y especializaciones productivas.

¿Cómo lograr que todos ganen sin debilitar el desarrollo local?

El encuentro de Rosario dejó planteadas distintas expectativas sobre el futuro de la minería argentina.

Las provincias con grandes proyectos buscan que las inversiones generen empleo, valor agregado y oportunidades para sus comunidades. Las jurisdicciones industrializadas pretenden participar del abastecimiento de esos proyectos. Las empresas mineras necesitan proveedores competitivos y eficientes, mientras que el Gobierno nacional busca ampliar el impacto económico del RIGI.

El desafío consiste en transformar esos intereses en mecanismos concretos de articulación productiva.

Para Jujuy, esto implica continuar fortaleciendo su entramado de proveedores y, al mismo tiempo, analizar las posibilidades de complementar sus capacidades con empresas de otras provincias.

También supone discutir cómo se distribuirán las oportunidades entre las distintas regiones y qué instrumentos permitirán que las firmas más pequeñas participen efectivamente del crecimiento de la actividad.

En definitiva, el debate ya no se limita a cuántas inversiones llegarán a la Argentina, sino a quiénes podrán participar de ellas, dónde se generará el valor agregado y cómo se distribuirán sus beneficios.

La frase pronunciada por Karina Milei en Rosario, “aquí tienen que ganar todos”, sintetiza una aspiración compartida por los distintos actores. El verdadero desafío será convertirla en resultados verificables para las empresas, los trabajadores y las provincias.

Y, para Jujuy, también deja abierta una discusión de mayor alcance: si la minería debe generar oportunidades para todo el país, ¿cómo construir una integración productiva que permita a las provincias mineras participar también de los beneficios de otras grandes industrias nacionales?

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Modificado por última vez en Viernes, 30 Octubre 2026 10:28

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