Mirá este informe especial para Jujuy Económico de la especialista Alejandra Agustinho*.
Impacto de la suba del precio del dólar sobre los exportadores de granos.
El pasado lunes 3 de septiembre, Marcelo Zlotogwiazda presentó en su programa televisivo el siguiente ejercicio de cálculo, explicando la dinámica de la conversión monetaria en el comercio internacional de cereales.
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Exportación aceite de soja |
U$S 100 |
Exportación aceite de soja |
U$S 100 |
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A 20 pesos por dólar |
$ 2000 |
A 40 pesos por dólar |
$ 4.000 |
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Retención 23% |
$460 |
Retención 18% |
$ 720 |
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Retención adicional fija de 3-4 pesos por dólar |
$ 400 |
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Facturación |
$ 1540 |
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$ 2880 |
Primera deducción: si el esquema de reducción a las retenciones sigue en pie y el monto de retención adicional fija en pesos se mantiene en esos valores, el impuesto adicional se irá licuando si el incremento del dólar continúa. Por lo tanto, el dólar seguirá subiendo, porque interesa incrementar los volúmenes corrientes en la balanza comercial. ¿Cuál es entonces el esfuerzo del sector agroexportador ante la crisis estructural instalada?
Impacto de la devaluación en los ingresos de los exportadores agropecuarios
El presente gobierno eliminó la obligación de liquidar a través del fisco las divisas generadas por exportaciones, mecanismo que operaba para menguar la fuga de capitales. Los exportadores de granos son ahora libres de ingresar solo las divisas necesarias para reinvertir en un nuevo ciclo agrícola. Lo demás puede quedar atesorado en cualquier lugar del mundo.
Según un estudio de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (FADA), los costos dolarizados para la producción de la soja ascienden al 59% sobre el total de los costos. Para el maíz ascienden a 62%. Para la producción lechera, el 82%. Ganadería con engorde a corral, 31% de los costos dolarizados, el ciclo completo un 17%.
Tomemos solamente el caso de la soja: una cuenta rápida nos da que los costos no dolarizados llegan al 40% del total. El componente de costo de la mano de obra (no dolarizada) disminuye sustancialmente, ya que desde inicios de 2016 a esta parte -de acuerdo a información publicada por la Universidad Nacional de Avellaneda- el salario mínimo en el país se devaluó un 40% en dólares corrientes.
Segunda deducción: Si la relación entre costos dolarizados (fertilizantes, agroquímicos, semillas) y pesificados (laboreo) se mantiene, el incremento del precio del dólar opera como generador de una renta extraordinaria ante cada campaña agrícola, ya que el componente pesificado resulta cada vez más barato, mientras que el dolarizado se mantiene constante.
¿Cómo se estructura el mercado argentino de agroexportación?
Más del 90% de la soja -que se produce en el 54% de la superficie sembrada total del país- es destinada a exportación. La que no sale, es procesada con destino a la exportación de aceite, pellets y harinas. Tanto la comercialización como la producción del poroto, aceites y harinas se encuentran muy concentradas alrededor de los mismos actores. Ocho empresas poseen el 83% de la capacidad de procesamiento del grano. Son los mismos ocho que, a su vez, controlan el 90% de las exportaciones de granos, el 88% de la exportación de harinas y el 85% de la exportación de aceites.

Si recordamos que, a principios de la década del 50, casi el 60% de las exportaciones de cereales eran comercializadas a través del sistema de cooperativas agrarias…
Tercera deducción: Con control cartelizado de costos y precios, y con ingreso voluntario de divisas, las definiciones estructurales sobre estrategias económicas del sector están muy ajenas a las necesidades del país. Y de cualquier posible regulación por parte del estado.
La contracara interna del negocio de divisas, la necesidad genuina de un país
¿Qué comemos, qué podremos comer en el futuro?
Mientras se fomenta el incremento del precio del dólar, o la depreciación de nuestra moneda nacional, se niega la existencia de la agricultura familiar como forma de vida rural, capaz de proveernos de más del 60% de los alimentos frescos que consumimos todos los días. La extinción del Monotributo Social Agropecuario y el vaciamiento de más de la mitad de los equipos técnicos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar (SSAF) en todo el país la semana pasada -con la certeza del cierre a fin de año- son dos datos fundamentales. El argumento que pretende sostenerse en la racionalización de los gastos del estado es una mentira y un absurdo: en la estructura presupuestaria, la SSAF no mueve la aguja en uno de los ministerios mejor dotados.
¿Qué hará Jujuy con las miles de familias que viven practicando la agricultura familiar, las que a menudo producen en las condiciones más desfavorables, pero que eligen ocupar efectivamente las tres cuartas partes del territorio provincial? A partir de ahora no contarán con la asistencia técnica y el acompañamiento de sus técnicos, y no encontrarán otro lugar en el Estado en condiciones de contenerlos.
Los mercados de cercanía son los garantes locales de la soberanía alimentaria, lo que significa disponer cada día de comida saludable y variada, calidad de vida a precio accesible, inocuidad en los alimentos y eliminación de cadenas de intermediación -que son costosas, sofisticadas y ambientalmente negativas.
Si eliminan a la agricultura familiar como un sujeto merecedor de atención para las políticas de estado, ¿qué alternativas nos quedan? ¿Proveernos totalmente en cadenas de supermercados? ¿Pagar precios exorbitantes por los alimentos de la canasta básica? ¿Dejar en la calle y condenados a abandonar su condición de ruralidad a miles de familias en el país? ¿Comer billetes?
La agricultura familiar y las políticas de fomento asociadas al sector resultan estratégicas para la calidad de vida de un pueblo. Si bien suman menos en las balanzas comerciales y en el producto bruto, tienen valor estratégico porque garantizan la provisión de los alimentos necesarios para una población sana y en desarrollo. No tienen capacidad financiera para solventar su modo de producción sin apoyos públicos, sin acompañamiento técnico a sus dificultades: es por eso que requieren de la contención de la Subsecretaria de Agricultura Familiar y de sus trabajadores.
El verdadero valor del salario
La última devaluación causó estragos en los salarios de los argentinos. El aumentó galopante del dólar, que tocó los 42 pesos la semana pasada, provocó un aumento en el índice de inflación y además generó una abrupta caída del salario. En 2016 el salario mínimo equivalía a 437 dólares, mientras que hoy es de 263, según revela un estudio de la Universidad Nacional de Avellaneda.
Además de una gigantesca y fabulosa transferencia de riqueza a los sectores concentrados, nuestros ingresos se menguaron a la mitad…. ¡Y pretenden que nos alimentemos mucho más caro, inaccesible e inseguro! El problema entonces, ¿es político o económico?
El problema no es el déficit, la escasez de divisas o las tormentas en Marte. El problema es la decisión política de encauzar el país a un modelo con doble estándar, con ricos muy ricos y pobres, muchos pobres, muy pobres.

*Alejandra Agustinho
Licenciada en Sociología. Docente e investigadora UNJU.
Ex directora INTI Jujuy y especialista a cargo de la formulación de diversos proyectos productivos en la provincia, entre otros destacados antecedentes.