Imprimir esta página

La Opinión: Agrónomos, ¿la llave accesible frente a los problemas del campo?

La falta de acceso al agua para riego, el desgaste de las tierras, los costos de producción y la consecuente migración a zonas urbanas para sobrevivir son parte del reclamo de diversos sectores rurales. ¿Es el profesional agrónomo una salida posible?

Las condiciones imperantes están poniendo en jaque a diversos cultivos. Grupos de pequeños productores vienen evidenciando los altos valores de arriendo (con aumentos sin control que pueden girar desde el 150 al 500%), el aumento de los insumos (a precio dólar), las dificultades en la obtención de financiamiento para afrontar sus campañas, la disminución de recursos y respaldo desde organismos estatales en todo el país. A ello se suman los costos en electricidad, combustibles y semillas, entre otros.

Al momento de la comercialización, los altos valores que se debe imponer a lo producido chocan contra la poca demanda o los bajísimos precios ofrecidos, siendo otro factor de crisis: como las ventas no compensan lo ya invertido en la tierra y en el proceso de cultivo, significa todo un desafío seguir apostando a la actividad rural. "Producimos alimentos y a veces tenemos que tirarlos, porque no tenemos espacio, no podemos venderlo, porque estamos en crisis", relató a Jujuy Económico un productor de las Yungas que recientemente participó de un "feriazo solidario" en Plaza Belgrano. En Jujuy, también quedaron las postales de años atrás, con tomates arrojados en caminos y afuera de las fincas, usados como abono o alimento de animales, porque a los productores sólo les quedaba la venta con precios equivalentes a la cuarta o quinta parte de su valor real, que no alcanza ni siquiera para la cosecha. 

 

Tomates arrojados en Fraile Pintado en 2018, donde productores advierten dificultades actuales y prevén inconvenientes en meses venideros

A propósito de esta problemática, para el profesional Juan Regazzoni –con más de 44 años de ejercicio en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)- hay alternativas posibles para enfrentar la incertidumbre hortícola, en particular, así como la de otros rubros agropecuarios que son base de sustento familiar.

“Caracteriza a un pequeño productor el centrar todo su esfuerzo y dedicación dentro de su predio para así alcanzar la cosecha deseada, desconociendo o enterándose tarde de las cosas que pasan tranqueras afuera", precisó a Jujuy Económico. Los esfuerzos se enfocarían a “pequeños agricultores familiares” que “no tienen acceso directo, individual y continuo a los servicios de un profesional de la agronomía”.

La estrategia es grupal: estamos hablando de un grupo de 30 a 40 agricultores ubicados en la misma zona y que reciban la asistencia de un joven ingeniero agrónomo. La ventaja de contar con él es que puede trabajar, visitar y conversar directamente con los 30 o 40 productores integrantes del grupo”, prosiguió Regazzoni. Así, busca abrir caminos también para actuales y futuros profesionales, cuya contratación a veces es imposible desde la agricultura familiar, aun cuando los agrónomos son claves para promover manejos apropiados e impulsar sistemas más sostenibles, en este caso con foco en la calidad y rentabilidad.

Para Regazzoni, mediante esta vía el experto podrá conocer de primera mano los problemas emergentes y transmitir las estrategias de solución en forma preventiva, donde además “juegan un papel fundamental las organizaciones de productores” ya existentes.

“Además, este profesional puede tomar contacto directo con las Instituciones de Ciencia y Técnica, Academia y Empresas pertinentes al sector. Es un articulador, solicitando la colaboración en la resolución de los problemas tecnológicos. Todo este bagaje adquirido se transfiere a cada agricultor del grupo para que se anticipe a los potenciales problemas. Y por qué no, a las oportunidades!”, prosiguió el ex referente del INTA.

Recalcó que el rol de todo ingeniero agrónomo es el de asesor técnico, capacitador y proveedor de información y organizador de actividades de compra y comercialización, siendo clave para acompañar al productor.

“Ahora bien, ¿cómo se le paga? Como el ciclo hortícola abarca entre 4 a 6 meses, al inicio se podría efectuar un aporte entre todos, una vaquita para solventar gastos de movilidad y comida. Su real ganancia será al momento de cosecha mediante el pago en especies. De esta manera, los pesos que salen del bolsillo son mínimos”, explicó.

A su entender, “el resultado mínimo esperado es, por un lado, reducir un 10 % los gastos de insumos”, por aplicaciones en el momento adecuado, sólo cuando sea necesario y con su buen uso. Por otro lado, Regazzoni prevé un aumento del rendimiento y de calidad, de un 10 al 15%, considerando que “con ahorro y mejora de la producción, con ello se paga tranquilamente el profesional”.

“A modo de ejemplo, si el rendimiento histórico es de 1.500 cajones por hectárea, la mejora del 10% en rendimiento significa tener 1.650 cajones y una diferencia de 150 cajones por hectárea. En consecuencia, ¿está el productor en condiciones de pagarle 50 cajones por hectárea al profesional? ¡No dudo que si! El negocio es para ambas partes. Es negocio para todos”, finalizó.

Esta opinión para Jujuy Económico apuntó a dar esperanza a quienes consultan constantemente a Juan Regazzoni, siendo parte de sus 44 años de experiencia en diversas sedes institucionales.

 

Valora este artículo
(0 votos)
Modificado por última vez en Jueves, 25 Julio 2024 00:26

Artículos relacionados (por etiqueta)