Federico Gatti, Administrador General de la empresa Ledesma, advirtió que una mayor producción no garantiza mejores resultados si el mercado interno no acompaña los precios y la exportación enfrenta barreras logísticas e impositivas estructurales.
Con el arranque de la zafra 118, Ledesma proyecta un año productivo más favorable que el anterior. Las lluvias acompañaron el crecimiento del cañaveral, y eso se traducirá en un volumen de producción superior. Sin embargo, Federico Gatti fue categórico al señalar que esa mejora no viene sola: trae consigo uno de los mayores desafíos comerciales que enfrenta el sector azucarero argentino en los últimos tiempos.
"El mercado todavía no está demandante", reconoció el directivo ante medios locales durante el acto de inicio de zafra. En ese contexto, el sector azucarero en su conjunto —salteños, jujeños y tucumanos— deberá hacer un esfuerzo comercial y logístico extraordinario para colocar unas 600.000 toneladas de azúcar en los mercados de exportación, además de transformar otras 600.000 toneladas de caña en bioetanol.

Tres mercados, distintas realidades
Gatti detalló la geografía comercial de la exportación azucarera: la cuota americana de azúcar crudo hacia los Estados Unidos, el mercado de azúcar blanco refinado en Chile —que crece paulatinamente y resulta estratégico por su cercanía y conectividad vial— y el mercado de commodities, que absorbe grandes volúmenes pero a precios que, en la mayoría de los casos, no alcanzan a cubrir los costos de producción.
"El precio del commodity está por debajo de los costos de producción", admitió Gatti, subrayando que exportar en esas condiciones implica un sacrificio que el sector asume para no dejar producción sin salida.
Brasil: el gigante que mueve el tablero mundial
Consultado sobre la influencia del país vecino, Gatti fue preciso: Brasil no es una amenaza directa, pero sí el principal productor de azúcar y alcohol del mundo, y por lo tanto quien más incide en la formación de precios internacionales. Cuando Brasil tiene sobreproducción, inunda el mercado y deprecia los valores. Argentina, en ese esquema, es un actor que observa y se adapta, sin capacidad de incidir en los precios globales.
El precio internacional cayó unos 100 dólares respecto del año pasado, lo que torna aún más crítica la necesidad de identificar ventanas oportunas de exportación y trabajar la logística con precisión quirúrgica.
Rutas, ferrocarril y puertos: la deuda pendiente
La logística fue otro punto de tensión en las declaraciones del directivo. Las rutas en mal estado, un ferrocarril de cargas sin el volumen y la fluidez necesarios, y los sobrecostos portuarios configuran un cuadro de desventajas competitivas estructurales que recaen sobre el norte argentino con especial dureza.

"Todo eso genera que la exportación sea bastante complicada", resumió Gatti, dejando en claro que la mejora productiva de la zafra 118 no podrá capitalizarse plenamente sin inversión en infraestructura.
Bioetanol y reforma tributaria: dos demandas al Estado
En paralelo al frente exportador, Ledesma tiene puestas sus esperanzas en el bioetanol como válvula de escape productiva. La empresa espera que el gobierno nacional sancione una nueva ley de biocombustibles —en la que el sector trabaja desde hace dos años— para brindar previsibilidad al mercado y habilitar un incremento gradual del corte obligatorio. Gatti destacó que el bioetanol no solo beneficia al medioambiente sino que reduce la importación de naftas y mejora el rendimiento de los motores.

En materia impositiva, el administrador fue igualmente directo: los costos tributarios argentinos se encuentran entre los más altos del mundo. La demanda al gobierno es que las empresas ya establecidas accedan a condiciones similares a las que ofrece el régimen RIGI para nuevas inversiones. "Lo que le hemos pedido al gobierno es una transferencia de esos beneficios al resto de las empresas que ya están establecidas, que hace tiempo vienen creando valor, generando puestos de trabajo y pagando impuestos", concluyó.